Olvidarte

Hubo un lugar en el pecho
donde tu nombre
ocupaba todo,
como una hiedra paciente
sin tiempo, sin culpa.

No fue rabia.
Ni orgullo.
Fue instinto.

Como cerrar los ojos
cuando algo arde demasiado.
Como retirar la mano
antes de perderla.

Me estabas borrando
sin querer.

Fue en defensa propia:
Era olvidarte o yo.

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