Al filo de una estrofa
Habitan dos mundos que giran
en órbitas propias,
con sus rimas, sus noches,
y sus amores que anclan.
Se rozan de vez en cuando
en el filo de una estrofa,
donde los sentimientos
tienen la fea costumbre de esconderse.
Nunca se buscan,
pero sin remedio se encuentran.
No se tienen,
pero no se evitan, se leen.
Se reconocen en la letra
de lo que no está escrito,
en el poema que aparece
diáfano en la pantalla
y preguntan sin preguntar
si alguien al otro lado
también ha pasado la noche despierto.
Y en el blanco del papel
sienten sin pertenecerse,
libres de todo
menos del verso
que los une
y los deja ir.
Marzo 2026

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