Mil días y mil y una noches

Conozco ese dolor del que me hablas. La desazón, el vacío que quema cuando te quedas en mitad del camino, como abandonado a tu suerte, de repente, sin saber qué hacer contigo y con todo ese amor para regalar que te llena las manos.

Conozco el desierto, la desorientación y la tormenta. Sé qué se siente cuando tu mundo se da la vuelta y todos tus bellos sueños se desparraman por el suelo, como la calderilla cae de tus bolsillos al darle la vuelta al pantalón.

He sentido el viento arrasarme por dentro, la rabia del oleaje golpearme sin cesar y, muy a mi pesar, creando un dolor innecesario a otros … Y lo peor quizás, entender que no es cuestión de tiempo, que esa sensación queda grabada en el corazón, como esa lección que uno ha de repetir para aprenderla como sea.

Sé del dolor y el miedo, de la duda y la impotencia. Sé todo eso.

Pero, sabes, sé también que todo eso pasa. Que aunque nos queda dentro un rincón, un vacío o un salón cerrado con los muebles cubiertos por las sábanas del olvido, por el polvo de mil días y mil y una noches de desvaríos inútiles, a pesar de todo eso, ahora sé, una vez lo he aprendido de nuevo, que todo eso pasa, que todo nos queda, que somos camino y que en él nos curtimos en batallas imprevistas para aprender, para conseguir alcanzar nuestros sueños.

Por eso hay que agradecer pasar por ello, porque nos hace comprender, aprender, ser mejores, mas fuertes y, sobre todo, a procurar no volver a cometer los mismos errores, a no restarnos valor, a no dar poder sobre nosotros a otros, a darnos cuenta de que nuestra vida no es nuestra y que nos merecemos lo mejor. Que solo podemos pasar por aquí, vivirla intensamente, aprender rápido y ser felices.

Sé del dolor y el olvido, pero también sé del cariño de los amigos, de la unión indeleble con mis hermanos y mis hijos. Siento la eterna llama del amor que todo lo llena siempre y conozco a ese niño que habita en todos mis rincones y que lucha siempre por levantar las sábanas de aquellos muebles, correr las cortinas y abrir de par en par las ventanas para dejar entrar el aire, el sol y la luz en mi vida. Sé que está ahí, le he visto. Sé que está deseando salir a jugar, a sonreírle al mundo, a la vida. A ser feliz. Voy decidido a su encuentro.

¿Te vienes conmigo?

2016-05-04-07-31-34

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