
Tardes como éstas
que lo tiñen todo,
del anaranjado al rojo,
del azul
hasta amarillo limón.
Evocan el recuerdo
de aquellas horas de verano
cuando,
tumbados al sol,
en tu playa preciosa,
nos acariciábamos el alma
mientras nos desnudábamos,
palabra a palabra,
sin ningún pudor,
amándonos,
brillando la sal
en la piel.
Tostados,
por la brisa y el sol.
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