Soltar de la mano

Sin soltar lo que sostenía tercamente,
no podía sentir el vacío.

Sin vaciar las manos,
la mirada
y hasta los bolsillos del corazón,
no había lugar para nada.

No hubo en mi vida peor vacío
que sentirme lleno
de lo que yo mismo
no dejé ir para siempre, al olvido.

Solo entonces,
una mañana de enero,
la brisa me acarició el rostro.
Solo entonces comprendí
que había espacio en mi corazón.
Para sentirme vacío
y para volver a llenarlo de amor de nuevo.

José Luis Afan de Ribera

Nota: Gracias a Olga María Sain por permitirme añadir su inspiración a mis letras. Por favor, visita sus páginas, si no conoces a esta maravillosa escritora. Paz y amor al mundo

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