Fuego

Nunca debimos agitar aquel pañuelo
ni ondearlo en nuestro firmamento.
Estaba cubierto de estrellas,
bailando en azules, blancos y negros.
Jugamos con fuego, al agitar aquel pañuelo.

Quizás nunca debí acercarme tanto
ni acariciar aquel sueño
que se movía por fuera lento
y ardía salvaje por dentro,
incendiando a su paso, el viento.

Quemé piel, penas y deseos.
Me quedé a vivir en aquel cielo.
Desapareció el tiempo.
Y desaparecí yo, lentamente,
del todo, jugando con fuego.

Pasó lento el tiempo
y ardí en aquella hoguera.
Debía quemarme,
debía curarme,
para revivir de nuevo.

Y un día me descubrí ardiendo,
siendo el mismo.
Iluminándolo todo,
sin quemarme por dentro.

Me abracé a la lluvia,
al mar, a la luna,
al sol
y viví aquel momento.
Al final, me prometí a mi mismo
que, si pudiera,
volvería, sin dudarlo,
a amar ese fuego.

mujeres-ni-rosas-ni-cactus.jpg

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2 respuestas a Fuego

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