Derramando su cálida luz sobre el mar, aquella noche la luna me susurraba. Su voz hermosa y tímida, me recordaba cómo se hablan los corazones cuando no pueden tocarse y solo pueden acariciarse el alma con palabras.

Derramando su cálida luz sobre el mar, aquella noche la luna me susurraba. Su voz hermosa y tímida, me recordaba cómo se hablan los corazones cuando no pueden tocarse y solo pueden acariciarse el alma con palabras.

| Amparo Fernández-Píñ… en Es insistente la vida | |
| José Luis Afán de Ri… en No les escuches. Mírales a los… | |
| José Luis Afán de Ri… en Alzar la vista | |
| Flora Rodríguez en Alzar la vista | |
| Amparo Fernández-Píñ… en A los que me leéis |
Debe estar conectado para enviar un comentario.