Hay palabras que nos besan como si tuviesen boca …

Salen mis sentidos a pasear cada mañana antes del alba, cuando la oscuridad aun se impone a la luz; cuando la noche sabe que ha de fundirse con la mañana; cuando, como decía el tango, “el músculo duerme, la ambición trabaja”. Y cada día me pregunto ¿cómo amanecerá hoy? ¿cómo amaneceré yo?

Y hoy empezaba con estas fotografías que me enviaba el amigo José Luis Francisco, que es mis ojos al mar y al amanecer de cada día, desde su barco mientras faena frente a las costas de Vilanova i la Geltrú en Barcelona.

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Amanecer 5.10.2016 Fotografías de José Luis Francisco Restaurante El Vaixell                       Vilanova i la Geltrú

Como veis, son hermosas, cada día son hermosas, y cada día reflejan un estado distinto, una condición diferente, un estallido creativo de la naturaleza que lo adorna y lo pinta como le apetece. Y le agrega o hace desaparecer matices, nubes, soles o aromas, que no noto, pero que siento como si estuviera allí mismo. Esa es la realidad que percibo. Una realidad que cambia pero que siempre me da motivos.

Escribo casi cada día sobre lo que me ocurre, acerca de lo que me es cotidiano, sobre aquello que me llama la atención y me ocupa en algún momento del día. Me he acostumbrado a tener los sentidos relajados, abiertos, dispuestos a recibir esas sensaciones que parecen llegarme limpias para que las pueda acariciar y ponerles palabras aunque, a veces, aparezcan envueltas en niebla y deba intentar saber qué se oculta tras esa cortina que la cubre.

Qué poco me cuesta aceptar el día tal cual es y absorber cada segundo… ¿Por qué no me ocurre lo mismo con lo que me presenta la vida? Qué manía con quererla controlar o alterar a mi gusto.

Si al fin solo es cuestión de ajustar mi percepción, mi mirada, esa es la cuestión. Porque aunque hayan días grisáceos o azules o negros como el tizón, o amaneceres ocultos en que no pueda ver salir el sol y tenga que confiar en que está en algún lugar tras esos nubarrones, las fotografías son siempre bellas. Siempre. Soy yo el que no le pone el corazón para que la realidad que vivo siempre lo sea.

Aceptar cada mañana como distinta, cada día como único, sentir cada momento porque sé que nunca volverá. Es sencillo, simplemente amanece distinto. Es una cuestión de actitud.

Y, para mostrarme que todo esta lleno de belleza y que debería verla, aunque mi día haya empezado hoy tropezando, al final me ha llegado esta sorpresa. De Alexandre O’Neill

Hay palabras que nos besan
como si tuviesen boca.
Palabras de amor, de esperanza,
de inmenso amor, de esperanza loca.
Palabras desnudas que besas
cuando la noche pierde el rostro;
palabras que se oponen
a los muros de tu disgusto.

De repente coloreadas
entre palabras sin corazón.
Esperadas inesperadas
como la poesía o el amor.

(El nombre de quien se ama
letra a letra revelado
en el mármol distraído
en el papel abandonado)
Palabras que nos transportan
donde la noche es más fuerte,
al silencio de los amantes
abrazados contra la muerte. 

 

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