Hay decisiones que no se toman con la cabeza. Se toman con algo mucho más impreciso, más silencioso, que sabe antes de que sepamos.
Esto lo escribí hace tiempo desde ahí. Desde el momento exacto en que uno comprende que dejó la brújula en casa a propósito, dobla el mapa con cuidado y entra sabiendo que entra para perderse, porque no va a querer salir.
No es un poema sobre perderse. Es un poema sobre elegirlo.
No fue el azar
lo que me trajo hasta aquí.
Fui yo
quien dejó la brújula en casa,
quien dobló el mapa
con cuidado
y lo guardó
sin abrirlo.
Quien entró sabiendo
que no había salida.
Hay pérdidas que no son pérdidas.
Hay laberintos que se eligen
como se elige una piel
que te queda bien,
demasiado bien,
para quitártela.
Me perdí en ti
como cuando se cierran los ojos
antes del salto.
No fue descuido.
Fue a sabiendas.
Fueron las ganas.

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