los ojos
Puedes olvidar muchas cosas
pero no los ojos de alguien,
no su mirada
y lo que asoma desde el alma
a través de esos ojos
que guardan la emoción que emanan.
Puedes olvidar el nombre,
incluso el rostro,
la curva exacta de una sonrisa
que ya no recuerdas bien.
Puedes olvidar la voz,
su timbre,
el modo en que decía tu nombre
cuando todo era posible.
Pero los ojos no.
Los ojos se quedan grabados
en algún lugar donde la memoria no llega,
en ese sitio sin dirección
donde conviven lo que dolió
y lo que te salvó.
Porque los ojos no mienten aunque quieran,
porque en ellos el alma se asoma sin previo aviso,
y uno ve, aunque no quiera ver,
lo que se esconde detrás de todo lo demás.
Y si años después, sin permiso,
algo te detiene en mitad de la calle
y no sabes por qué,
y es porque alguien pasó con esos ojos,
con esa luz,
con ese peso exacto de una mirada que creías haber olvidado.
Y resulta que no.

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