Pintando de rojo el cielo de los sueños,
vivo momentos llenos de pasiones y versos.
Pasión por la vida y versos sobre ti,
sobre mi
y sobre mi rincón del universo.
Versos a color y, a veces, en blanco y negro.

Pintando de rojo el cielo de los sueños,
vivo momentos llenos de pasiones y versos.
Pasión por la vida y versos sobre ti,
sobre mi
y sobre mi rincón del universo.
Versos a color y, a veces, en blanco y negro.

Estoy acostumbrado a repartir palabras, a esparcirlas frente a mi para componer un dibujo de letras que muestre a los que me escuchan o me leen, emociones, ideas o aquel momento de encuentro de almas.
Muchas veces, me salen desde muy adentro y siento como si no fuera yo quien escribe, sino algún sesudo enano que vive desde siempre dentro de mi, en alguna caverna oscura, pensando, hilvanando las frases. Él, que seguramente vive cerca de mi corazón, puede ver con claridad eso que muchas veces siento y soy incapaz de decir. Por eso, le veo disponer las palabras, darles orden y salir. Salir con el tecleo de las letras, fluir como un torrente de emociones, ordenarse con claridad, para expresar lo que siento.
Otras veces, cuando el enano esta distraído, tomo yo el mando para conectarme hacia adentro.
Seguramente, las más de las veces, soy yo el distraído y las palabras que escribe mi compañero, acaban por no publicarse. Esos días, las emociones sobre las que me gusta escribir, caen yermas en el olvido. Quizás esperando otra ocasión.
Sea quien sea el que escriba, sé que solo me gusta lo que escribo, cuando al releerlo, tiempo después, puedo sentirlo.
Por eso me emociona leer a quien escribe y consigue, de igual modo, que sienta sus escritos, sus palabras, el orden en que las elige y las dispone, negro sobre blanco, en un papel que comparte y lo esparce, luego, al viento.
Así siento que me llegan algunos escritos, como barquito de papel, fluyendo aguas abajo, inequívocamente, hacia mi.

Me muevo entre personas,
entre ruidos y palabras vacías,
entre letras desordenadas
y manos llenas
de emociones enredadas…
Mientras, si les miro a los ojos,
puedo ver el galope de corazones,
cascadas de emociones,
y todo ello, revuelto con risas y poses.
Miradas que esconden
pasados sinsabores.
Cuánta vida se descubre
si dejas de escuchar,
si te paras a observar,
a los ojos de la gente.

Puedes caminar rápido, pasar de largo y no ver los detalles o puedes disfrutar del camino, paseando, contemplando, saboreando colores, olores y sabores. Ese es el destino, el camino.

Caminaré junto a ti
hasta que sientas
que puedes sostenerte.
Hasta que no te arrastre la corriente
y ya no navegues a la deriva,
perdida y sola.
Soltaré luego tu mano
para que sientas
que ya puedes,
que tienes el presente
en tus manos.
No me alejaré,
me quedaré a tu lado
por si quieres, ahora sí,
darme de nuevo la mano,
para caminar juntos,
para ser uno,
para ser,
rendidos uno al otro,
uno y dos,
pero juntos,
de la mano.

Rudolf Bonvie
«Ámame
bésame
besa mis labios
besa mi pelo
mis dedos
mis ojos, mi cerebro
hazme olvidar».
Charles Bukowski

Fíjate, que curioso, a veces te encuentro en cualquier sitio, respiro tu mismo aire, te siento conmigo… y todo eso, por ver cómo se despide el día en nuestro cielo.

Cuelgo mis sueños en las nubes para decorar cielos de esperanza.

Atardecía mientras paseaba por la orilla, mojándome los pies de sal y cierta indulgente nostalgia. Recordaba otros tiempos, otros mares, otras causalidades; me acordaba de esas personas que pasan por nuestra vida para cambiarla, que nos ayudan a entender y a aprender, a aceptar y, luego, a perdonar y a perdonarnos, cada día.
Atardecía y te sentí caminar a mi lado, en silencio, entrelazadas las manos, disfrutando el paisaje, saboreando el momento.
Atardecía. Sonreí agradecido y miré hacia adelante, hacia donde se mueven alegres todos esos recuerdos.

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