



Saber dónde mirar es esencial
para ver las caras de ese cielo,
a veces azul, a veces negro,
a veces rojo.
Qué inmenso misterio
guarda tras ese escenario
en el que cabe todo tu universo.




Saber dónde mirar es esencial
para ver las caras de ese cielo,
a veces azul, a veces negro,
a veces rojo.
Qué inmenso misterio
guarda tras ese escenario
en el que cabe todo tu universo.
Ese fue mi último regalo,
Abrí la mano, pulse la tecla
y te envié ese sueño,
cargado de fe y dedicación,
envuelto para regalo.
Cubierto de mi,
para ti,
lleno de tu vida,
repleto de tu frenesí.
Tu regalo:
mis letras,
brotando de mi,
siempre hacia ti.
Esas, que siempre habían estado conmigo
y tu me las descubriste a mi.
Que me sirven de consuelo,
de mar,
de cielo
y de abrazo,
en el infinito azul
y en el negro más oscuro
cuando ya no estás aquí.
Nos hicimos ese regalo,
una montaña de versos y letras,
cargados de amor.
Cargados de más de un año.
Esos regalos llenan vidas,
curan penas
y dan sentido a amores,
a sueños
y a quimeras.
Por eso hoy, comprendí,
ya me despedí.
Ya deje de buscar
la felicidad donde la perdí.
© José Luis Afán de Ribera

Esta noche te he besado.
Ha sido un beso largo,
cálido y mojado,
un beso largamente deseado.
Pasó como pasan estas cosas.
Hablábamos, sonreíamos
y, mientras tanto,
otra conversación se iba dibujando.
Como si no nos atreviéramos
a entrar de lleno en el diálogo
que ya mantenían, furtivamente,
nuestros ojos, nuestras miradas
y, entrelazadas, nuestras manos.
Y todo lo demás iba pasando a nuestro alrededor,
todo eso tan mundano.
Aunque nuestros labios ya se iban llamando,
nuestras bocas se iban deseando
y un silencio cómplice nos iba rodeando,
aislándonos de todo,
de todo eso que en el mundo estaba pasando.
Hasta que mi mirada quedó clavada en la tuya,
hasta que el tiempo contuvo la respiración,
hasta que todo desapareció
y solo quedamos tú y yo.
Tus labios,
nuestras bocas,
todo se fundió en uno,
con la calidez de una caricia,
como la nieve en verano.
Esta noche te he besado.
Y ha sido un beso de verdad
aunque se me escapara de las manos.
Esta noche te he besado,
aunque solo yo lo haya soñado.
«Nunca he tenido muchos amigos pero, gracias a vosotros, siempre me han parecido suficientes.» El problema de los tres cuerpos, Serie.
Diálogos de luz
Palabras brillantes
Silencios ensombrecidos
en la noche de antes
Melodía de pausas
Gritos callados
en noche de luna
en silencios que hablan
Todo se ilumina
Todo se calma
Cuando me doy la vuelta
Y encuentro tu mirada
Noches sublimes
Dias en pausa
Aquello de antes
Ahora, ya no es nada
Sale desde dentro
Resulta chocante
Que lo que parecía vital
Ya no es importante
No me apetecen las palabras.
Me aburre interpretar esos signos
que otros inventaron intentando que significaran algo muy concreto
pero que nos suelen dejar a medias,
a medio explicar o mal contado.
No necesito ni quiero palabras,
solo me hacen falta silencios
inmensos silencios,
vacíos profundos de significado,
llenos de mares de sentimientos y
el rugir del tiempo que viene a pasarnos factura,
legítimamente, mientras nos llena de paz, misterio y silencio.

De naturaleza artista,
la tarde dibuja y pinta,
pasiones de sábado,
para despedir al sol que la acaricia.

«Porque yo quise olvidar
y puse un muro de piedra
entre tu casa y la mía.
Es verdad. ¿No lo recuerdas?
Y cuando te vi de lejos
me eché en los ojos arena.
Pero montaba a caballo
y el caballo iba a tu puerta».
Federico García Lorca
Qué buena memoria tiene la piel
que, de tanto esperar,
siente a quien ya fue.
Qué risas,
qué miradas,
aquel atardecer,
todo un ayer
que se presenta como si fuera de hoy,
de siempre,
de los que jamás se han de perder.

Entre la luz de la verdad
y la sombra de la duda
reposan mil reflejos
de estelas de luna.
Buenos días mi luna.
Buenas noches locura.

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