La carta

Aquella carta tenía fecha de hoy. Si, hace ya algún tiempo, pero quedo ahí como escondida en el olvido. Anclada, abandonada sin explicación. Como cuando estalla el trueno sin que nos demos cuenta del rayo que segundos antes descargó.

Aquella carta tenía fecha de hoy, estaba ya dentro del sobre y tenía un destinatario. Habría preferido no ponerla en camino, no detener ahí el reloj. Y, aunque al final la envió, el destinatario desapareció.

Ahora esa carta estaba ya vacía. Aquellas palabras no tenían ya sentido. Ya todo pasó. Ahora ya ni las letras ni una sola línea tenían ningún valor. Cuanto más tiempo pasaba menos sentido tenía aquel “hoy” que ella guardaba en una cajita de metal vestida de óxido.

La carta estaba llena de un adiós que nunca llego a decir. Aquella carta tenía fecha de hoy pero, en realidad, estaba escrita con tinta de ayer, antes de que el sinsentido se hiciera un lugar en un hoy vacío que ocupaba todo su corazón.

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