Nos hemos quedado solos,
mirándonos.
Nos hemos quedado helados
cuando la puerta se cerró
y soltamos la mano.
Dijimos hasta pronto
a las caricias,
al contacto,
a la cercanía,
al beso,
al abrazo que quedaba pendiente.
Nos hemos quedado solos,
mirándonos en el espejo,
escuchándonos,
reclamando silencio
a esa mente inquieta que no descansa,
para descubrir otra voz
que con los días aprendimos a reconocer:
nuestro propio grito de auxilio,
nuestro propio abrazo.
Y hemos comprendido
que estar lejos
no es estar distantes.
Que incluso en la ausencia
podemos seguir tocándonos
con las letras,
con esa música,
con esa huella invisible,
notándonos.










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