¿Vendrás a jugar conmigo?

“Matar en nombre de Dios es hacer de Dios un asesino”.

 José Saramago

“Y tú, ¿querrás venir a jugar conmigo esta tarde?”

“Claro. Se lo diré a mi padre cuando vuelva y pasaré a merendar contigo después de la escuela.”

“Que bien. Quiero que conozcas a mi muñeca Ani. Se llama como mi hermana”.

“Traeré la mía. Yo la llamo luna. Siempre le doy los buenos días y me acompaña por la noche. Si, vendré. Tengo ganas de que juguemos juntas”.

Aisha se retiró a su casa a descansar un poco. A esas horas aun se veía poco.

Al llegar encendió la luz y preparó algo para desayunar de lo que había en la alacena. Cuando terminó, el Sol ya lo iluminaba todo. Apagó la luz y se asomó a la ventana.

Hacia un día claro y estaba todo muy tranquilo. Hoy se podía ver bastante lejos. Le encantaba mirar lejos, dejar la vista relajada intentando encontrar el horizonte de las cosas, era como viajar a lugares lejanos, a mundos desconocidos.

Estuvo absorta un buen rato, imaginando, coloreando su mundo desconocido, pintando de colores vivos su viaje, la hierba, el cielo, el azul del mar, tan querido. Pudo verse vestida de enfermera, como era su sueño, cuidando a todos aquellos heridos. Se fue lejos, sin pensarlo, sin apenas sentir, solo soñando Ser en un mundo más amable que el que le había tocado ver. Un mundo como ella había imaginado.

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“آرزو / Deseo / Wish“, óleo sobre lienzo / oil on canvas, 100 x 70 cm., 2000 © Iman Maleki

Después de un rato, se sentó en el suelo a jugar con Ani.

No sé cómo eres,
nunca te he visto,
pero aunque aun no te he puesto rostro,
sé que eres bella.
Tu sonrisa irónica,
los ojos menudos,
sedientos de alegría,
tu espíritu inquieto.
Toda tú me pareces bella.
Como aquella niña
que cuando éramos pequeños
me sonreía.
porque al mirarnos
sabíamos que ya nos conocíamos.
Como cuando conectabas conmigo,
aunque ni siquiera lo sabíamos.

Esperó todo el día a que fuera la hora para poder jugar con su amiga, pero no llegó.

“No me atrevo a salir a buscarte”, pensó. “El ruido ensordecedor de las bombas me aturde desde mediodía. Las heridas de mis rodillas magulladas ya son solo costras, suciedad y polvo, mezclado en mi piel y aun me duelen”.

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“Espero que no te haya pasado nada y que mañana podamos hablar un poco más. Eres mi amiga. Quizás podamos hablar cuando ya sea de noche, entre los escombros de tu casa y la mía, como hoy hicimos, cuando los que matan duermen, cuando la vida por un momento, no esté en peligro. Cuando podamos amar la cálida voz de otro ser humano. Amaremos entre las bombas, entre la vida y la muerte, amaremos aun en la guerra. Amar, que es vivir, aunque nos aceche lo desconocido.

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