Hay cosas que creemos haber olvidado.
Y un día, sin buscarlo, algo nos detiene
Aquel verano te enseñó el frío
de un modo que no olvidarías,
aunque lo olvidaste.
Alguien que te enseñó
la huella que deja
cierta forma de acercarse.
Lo olvidaste, creías.
Pero lo guardaste sin saberlo,
lo mismo que «recuerdas» el equilibrio
después de haber caído.
Y un día, sin buscarlo,
te encontraste la misma mirada,
esa forma, ese tono,
y respondiste —antes de pensar.
No era tu memoria.
Sino lo que quedó
después de que la memoria
te protegió.
Eso es lo que no desaparece:
no lo que viviste,
sino lo que «recuerdas»
sin que lo supieras,
después de olvidarte.

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