Allá donde mires hay soles que alumbran tus pasos, aunque el cielo insista en nublarse y el día lo empape todo.
A veces la luz no cae desde arriba. A veces espera en un charco quieto, en lo que refleja sin prometer, en lo que salpica, en lo que permanece.
Abre los ojos, aunque duela. Respira hondo, aunque el aire traiga memoria. Exponte. Hay rincones en tu alma que la lluvia no apaga, que siempre guardan tu luz.
tu vida es tu vida. no dejes que te sometan a una sumisión lúgubre. mantente alerta. hay formas de salir. hay una luz en alguna parte. puede que no sea mucha luz, pero vence a la oscuridad. mantente alerta. los dioses te ofrecerán oportunidades. reconócelas. aprovéchalas. no puedes vencer a la muerte, pero a veces puedes vencerla en la vida. y cuanto más aprendas a hacerlo, más luz habrá. tu vida es tu vida. reconócelo mientras la tengas. eres maravilloso. los dioses esperan deleitarse en ti.
Charles Bukovski
The Laughing Heart
your life is your life don’t let it be clubbed into dank submission. be on the watch. there are ways out. there is a light somewhere. it may not be much light but it beats the darkness. be on the watch. the gods will offer you chances. know them. take them. you can’t beat death but you can beat death in life, sometimes. and the more often you learn to do it, the more light there will be. your life is your life. know it while you have it. you are marvelous the gods wait to delight in you.
Algo tiembla en esta hora del día, cuando el sol se esconde, jugando tras cualquier la nube y la noche se atreve a abrir los ojos.
Es un instante suspendido, un puente secreto donde se rozan la claridad y la penumbra.
Las almas vagan inciertas, los corazones titubean, y entre reflejos dorados y los primeros tiznones negros, se deslizan recuerdos que disfrazan pasiones con la voz dulce de la nostalgia.
En este anochecer, la verdad se confunde con el sueño y éste arranca voces a la memoria, que ya no existen, que fueron a esconderse en ese mundo incierto, entre la noche y el día, entre la verdad y el deseo.
Él llegó a ella como por azar, en un tropiezo en su vagabundear; a ella le pareció un eco pasajero, para él, el impulso de amar.
Ella siguió en aquella vorágine de su vida, vivir sin pararse a sentir; él halló en su risa la brisa que le faltaba, la que le abrió las ventanas a respirar, a salir.
Mientras ella olvidaba la hora, él guardaba en su pecho un jardín; y esa llama que a ella no le quemaba para él fue principio del fin.
Y aunque nunca buscó detenerla, él vivía de aquel resplandor; ella andaba sin darse cuenta siquiera del milagro que fue su calor.
El tiempo borró las señales, pero a él le quedaron de altar: sus pupilas, dos mares frágiles, que jamás dejó de nombrar.
Ella acaso no sepa la historia, ni la huella que pudo dejar; él aprendió que a veces una lágrima se confunde con saber amar.
Y comprendió que aferrarse era en vano, que no se retiene lo que no quiere estar; soltó de su palma aquel lazo liviano, y al soltarlo aprendió a respirar.
No fue derrota ni pena perpetua, sino un río que quiso seguir y en la corriente encontró la respuesta: el amor también sabe partir.
Y al mirar hacia atrás, sin cadena, vio la brisa pasar como al ir; ya no ardía la llama en su pena, era calma, era el modo de existir.
Abrí las manos. Tenía que ver qué había estado sujetando tanto tiempo. Solo quedaba un rastro de luna, y un cielo deshecho en silencio.
Lo que quedaba de aquella caricia lo robó el tiempo.
Ahora, con las manos vacías, el corazón en calma, la vida llena de latidos nuevos, de esa paz que recoge el viento, horas enteras de amor en vuelo.
Manos abiertas, libres de lastre, presagian el viento y el lugar donde habrán de posarse.
Ya no tiemblan vacías, ahora respiran espacio, y en ese hueco infinito y tranquilo cabe entera la esperanza de un nuevo día.
Abrí las manos, y entendí que en su vacío cabía todo: mi presente en calma, la esperanza de haber aprendido, y la certeza de que nunca más se cerrarán para retener, sino sólo para abrazar la vida.
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