Rojo que enciende la vida,
verde que guarda el deseo,
amarillo, apenas un hilo,
luz en mitad del día.
Tres colores. Un instante.
La luz entra sin pedir permiso
y deja sobre las hojas
sombras y brillos.
Rojo para lo que arde,
verde para lo que espera,
amarillo para el tiempo
que pasa constante,
sin hacer ruido.

Y en un rincón de la casa,
sin pedir nada a nadie,
una flor canta en silencio
que vivir también es arte.
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