EL BUQUE FANTASMA

Hoy os traigo una historia de mi querido amigo Josep Romero. Compañero de batallas ganadas y perdidas, duro oponente para aprender a vivir y escribirlo después. Hermano musical donde los haya. Como apreciaréis, su prosa fácil es más que una salida a su rica imaginación. Se trata, seguramente una vez más, de un geniecillo por descubrir que quizás disfruta más escondiendo al mundo su talento.

EL BUQUE FANTASMA


Dos o tres noches por semana, un buque cruza el horizonte frente a la Costa Brava. Más que su silueta, se distinguen las líneas blancas de las tres cubiertas iluminadas.

Tras varios veranos avistando su singladura y, a pesar de consultar navieras y consignatarias, no he conseguido identificarlo, lo que me sume en la duda de su propia existencia. ¿Veo un barco en realidad o es mi imaginación la que lo fabrica?

En mis ensoñaciones, he llegado a construir mi propia fábula sobre lo que el navío guarda. No es más que un buque fantasma en el que, cada noche, navegan los espíritus de quienes alguna vez gozaron y vivieron las noches estrelladas de la Costa Brava.

Ava Gardner, Picasso, Lorca, Chagall, Welles, Sert, Capote, Dalí, Kirk Douglas, Josep Pla, Man Ray, Robert Mitchum, Rodoreda, Villalonga, García Márquez, Breton, Hemingway, a los que algún día –que tarde mucho, por favor– nos uniremos Joan Manuel Serrat y yo, aunque sea de camarero.

Mis divagaciones fantasmales se cruzan con la idea de una octava vida de mi amigo Chucho, el gato atigrado callejero al que llevaba alimentando varios veranos. No he dado con él por mucho buscarlo al atardecer en Port Bo, así que, guiando el timón de mi imaginación, lo he trasladado mullido y tierno a la falda de Salvador, que lo acaricia con cariño en el castillo de popa, mientras ambos atusan sus respectivos bigotes.

Si te parece una fábula, no lo es. Estoy seguro de que es todo cierto.

— @JosepRomero

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