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El mejor regalo
Ese fue mi último regalo,
Abrí la mano, pulse la tecla
y te envié ese sueño,
cargado de fe y dedicación,
envuelto para regalo.
Cubierto de mi,
para ti,
lleno de tu vida,
rebosando a borbotones tu frenesí.
Tu regalo:
mis letras,
brotando de mi,
siempre hacia ti.
Esas que siempre habían estado conmigo
y tu me las regalaste a mi.
Que me sirven de consuelo,
de mar,
de cielo
y de abrazo,
en el infinito azul
y en el negro más oscuro
cuando ya no estás aquí.
Nos hicimos ese regalo,
una montaña de versos y letras,
cargados de amor.
Cargados de más de un año.
Esos regalos que llenan vidas,
curan penas
y dan sentido a amores,
a sueños
y quimeras.
Por eso hoy, comprendí,
que ya me despedí.
Que ya deje de buscar
la felicidad donde la perdí.
© José Luis Afán de Ribera. Septiembre 2016
… me quedaba el mar …
Perdóname si te dejé de escuchar.
De repente, todas tus letras
quedaron huecas,
sin sentido, sin verdad.
Ya solo me quedaba el mar
que me repetía con paciencia,
poco a poco,
ola a ola,
que todo aquello,
no era amar.
Hoy huele otra vez a tierra mojada,
a final de verano,
a suave brisa,
a anhelo de su mano en mi mano.
Huele a ese amor que teme defraudar,
huele a muchos pasos aun por dar.
Hoy, después de mucho caminar,
el verbo sigue siendo amar.
Sin necesidad de palabras.
Mirando el mismo mar.
Ella entenderá.

Publicado en Adiós, Amor, Amor propio, Mar, Soltar
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En color
Peino melenas en nubes de algodón
en cielos de azul infinito
recordando aquel verano
en que tuve que morir
para preservar el momento,
el abismo a la felicidad,
para conservar,
con los ojos cerrados,
la sensación de volar
sin que hubiera donde agarrarse
o la libertad de callar
y que el mundo no se alterase.
Pinto de colores el desdén
queriendo cambiarlo por poemas,
en letras de bien coser
que alivien y calmen la pena.
Azul en la retina,
fuego en el cielo,
rojo en el corazón,
el tono no importa,
aunque sea marrón.
Aquelarre de emociones,
tormentas de pasión,
brisas y calmas profundas
y caminos de ilusión.
Esto es lo que da de sí,
una tarde junto al mar.
Llena de ti y de mi.
Sin que lo sepas,
sin que ni tu ni yo
lo podamos remediar.

Publicado en Alma, Amor, Amor propio, cielo, Mar, Pasión, Poesía, Soledad, Soltar, Uncategorized
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Cada vez…
Me ha encantado, aunque pienso que siempre hay luz al final
… necesitamos más nuestro interior…
para huir del aterrador exterior!!
necesitamos más los sueños…
para huir de la frustrante realidad!!
necesitamos más nuetro amor…
para huir del odio!!
necesitamos más nuestra fuerza…
para ganar las batallas del miedo!!
necesitamos más nuestra determinación…
para no caer en depresiones!!
necesitamos…
… esperanza
… alegría
… bondad
… compasión
… felicidad
… firmeza
… gozo
… paciencia
… solidaridad
y sobre todo… valentía
para poder seguir viviendo en este mezquino, arrogante, desolador, humillante… y vacío mundo!!

LUCES Y SOMBRAS
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Horizontes
Llegan mis dedos a rozar el infinito
adornado con paneles de tiempo perdido.
Mientras pasea la mirada en ese vacío
que no encuentra compañera de camino.
Se rompen los moldes
para que las formas
ganen inconsistencia,
pierdan rigidez
y ganen la libertad
que dan las palabras.
Ya no vale ponerle
cortinas de humo al atardecer
sino despejar horizontes perdidos
que pinten de rojo la esperanza
de cada amanecer.


No matéis más, ¡por Dios!” Y especialmente y sin coma, “¡No matéis mas por Dios!”
Ayer me deprimí. Como muchos que sentirían la impotencia al ver con qué facilidad se talan vidas en nombre de “no-me-importa-que-dios”.
Mientras, yo sigo escuchando la voz alta y clara de ese dios, suplicando: “No matéis más, ¡por Dios!” Y especialmente y sin coma, “¡No matéis mas por Dios!”
La barbarie no tiene nombre ni cabida en el corazón de nadie, aunque intente instalarse, aunque intente con violencia meterse ahí. Lo verdaderamente triste es que solo lo consigue cuando se transforma en miedo.
Comprendo a quienes sienten miedo porque lo sentí ayer hasta que supe que todas las personas que quiero estaban bien. Bien, todas no. Me faltó una pero, sé que está bien ahora.
Luego, me produjo una mayor tristeza aun, comprobar cómo ese miedo se había instalado en muchos corazones heridos y se transformaba en rechazo a lo desconocido, en prejuicio, en odio racial generalizado. Cuando se iban lanzando a las redes sociales, a los medios de comunicación afines, paladas de ese odio, que permanecía latente, hacia las comunidades islámicas y, por extensión, a cualquier comunidad que no fuera la del que hacia las proclamas. Cuando personas que normalmente no me dirigen la palabra se creen con derecho a enviarme privadamente proclamas racistas exigiendo no sé qué demostraciones o comentarios a esas comunidades.
Me entristece la falta de raciocinio, de ecuanimidad y me ofende cuando ésta es por relajación mental y tiene forma de “ya no puedo más”, porque me dice que la intolerancia ha estado ahí latente, hasta que ha encontrado una grieta en forma de “razón” para salir con toda su fuerza.
No puedo con esas generalizaciones, lo mismo que no podía cuando se tachaba a todos los vascos como etarras. No puedo compartir el miedo. El miedo me ha de servir como acicate para superarme, no para encerrarme.
Hay responsables de la violencia y se llaman violentos. Hay quienes no respetan la vida y se llaman asesinos. Dicen hacerlo en nombre de un dios o de una injusticia y con eso, aparte de decidir sobre la vida y la muerte de otros, meten a aquellos que ejercen su derecho a creer en lo que quieran en el mismo saco.
Sería muy cómodo que llevaran una etiqueta tipo “soy un violento, cuidado conmigo” o, como pretenden algunos “soy musulmán, cuidado conmigo”. Pero no, no es así. De modo que, por favor, ruego a aquellos que han decidido que las películas de “buenos y malos” son una buena medida de la sociedad en la que vivimos, que se abstengan de tirarme su cubo de basura. Guárdeselo, Por Dios o por favor y no añada más dolor y mas ignorancia al que ya tenemos.
¡Ya es suficiente!


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Dame la mano
Levantar un puente
y tenderlo sobre el río
no puede ser cosa de uno.
Como darse la mano.
Como bailar un Tango.
Siempre es cosa de dos.
Las dos orillas de un mismo río se separan al inicio de su recorrido, justo al nacer, y viajan cerca hasta el final del camino, cuando se encuentran de nuevo y cuando, estoy seguro, se pierden juntas de nuevo, fundiéndose en el mar.
Hay manos que, aunque se separen, siguen unidas, se buscan. Son manos que seguirán el mismo camino, sin tocarse, sin rozarse, sin acercarse jamás.
Son manos que se encontrarán en cada mano que sujeten, en cada corazón que acaricien. Son manos que no olvidarán, que se recordarán siempre, que se sentirán claramente, a momentos, en vacíos concretos.
Cuando, aunque no estén allí y aunque no quieras, las notarás latir, entornando los ojos y recordando aquella mirada, clavada en el alma, sonriéndote.
Cuando, finalmente, te preguntes cómo pudieron llegar tan adentro, cómo pudieron llegar hasta ti.
Dame la mano. Ven. Sujétala y no la sueltes más.

Agua de mar
Me cuesta imaginarte lejos del agua.
Apartada de la costa y la sal.
Como Alfonsina,
vestida de calma y de mar.
Tu imagen sumergida en el agua,
como una ola,
esperando cabalgar sobre la sal,
tejiendo espumas
y remolinos en cualquier lugar.
El mar en tu mirada,
tan profunda y serena.
En tu voz,
encantadora y pausada.
En tu corazón,
que colma con creces la luna llena,
reflejándose en ella,
rielando entre claroscuros,
formando caminos,
que invitan a pasear,
de tu mano
sobre la arena
y sobre el mar.
Así eres tú, tan bella.
Así te veo yo,
como una estrella,
una luz en el cielo,
reflejada en el mar.

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Me miró
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