Amar el mar

Me acomodo en mi asiento, mirando al frente, junto a la ventanilla que pasea junto al mar, como cada día. Me preparo para el espectáculo que me ofrece el recorrido.
Arranca el tren y ante mí, un buen rato de maravillas por disfrutar.

Y miro hacia los asientos de delante del vagón por ver cómo vamos hoy de llenos y… ahí estás tú. Solo dos filas por delante. Tu perfil mirando hacia fuera. Tu mirada serena clavada en el mar. Y siento el reflejo de las olas en tus ojos azules, el viento en tu pelo y la distancia en el parpadeo, como si el agua llegara a salpicarte. No puedo dejar de mirarte. Y tú ni te das cuenta, ni sospechas que es amor lo que emites, ni sabes tampoco que ese amor me invade y me empapa. Hay una extraña nostalgia en ti, en cómo miras hacia el mar, como buscando respuesta a algo. Hay misterio en esos pensamientos que se te llevan lejos.

El amor lo ocupaba todo. El tuyo, transparente en tu mirada. El mío, recibiéndolo todo. El de los dos, amando el mar y a quien lo ama. Uno de estos días te volveré a encontrar. Lo sé.

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Magia

“Mágico” es, simplemente, otra palabra para definir el alma.
Carl Jung

¿Cómo escapar del laberinto que llevas dentro?

¿Cómo encontrar de nuevo tu camino cuando lo perdiste todo, creyendo que era el sendero correcto?

¿Cómo retomar desde el pasado, si se interrumpió de repente, si se terminó sin tiempo, destrozando tu más bello sueño, si ya todo quedó mudo y muerto, porque alguien tenía que dar sentido a sus emociones, a otros sentimientos?

¿Cuándo volverá a tener sentido este presente que sigue su curso impasible, ignorando el ayer, comiéndose minuto a minuto el recuerdo que baila al borde del acantilado, entre el ayer y el mañana, en este presente?

Yo no tengo respuestas a estas preguntas. Las he sentido martilleando en mi cabeza, varias veces en mi vida, hace mucho tiempo, y lo único que pude hacer entonces, fue aplicar lo que hace años me dijo una amiga, desesperada al verme padecer. Me dijo: “¡Haz magia José Luis! ¡Haz magia!”

Me quedé perplejo. No entendía cómo yo, hundido en la miseria de la inseguridad, del abandono, de la tristeza, del desamor o de la desesperación de aquellos momentos, podría hacer esa magia que me decía. Le di vueltas durante días, buscando formas, imaginando trucos, sacando conejos de chisteras inexistentes, barajando cartas trucadas. No conseguí cambiar nada. Seguía sumergido en el tormento, con el agua al cuello, acostumbrándome a una asquerosa situación, perpetuando esa angustia, ese momento.

Mi entorno seguía siendo igual de gris y espantosamente solitario.

Y la seguía escuchando decirme: “¡Haz magia José Luis! ¡Haz magia!”

Viajé. Recuerdo que viajé mucho. Distraje mi mente. Me desplacé lejos, rápidamente. También paseé, lentamente, observando el paisaje. Vi el bosque, me alejé de los árboles. Recordé mi pasado, mi niñez, mis éxitos y mis fracasos. Sonreí al recordar a mi gente, buscando dónde o a quién le habría prestado aquella varita mágica que, en otros tiempos, me hacía sonreír y con la que conseguía cambiar, en segundos, el mal tiempo. Fracasé. No conseguí dar ni con ella ni con la magia.

Al final, me di cuenta de que, cuantas mas vueltas daba la rueda, más lejos me encontraba del origen, del inicio del camino. Y decidí volver. Volver al principio. Buscar el extremo opuesto del ovillo. No tardé mucho en comprender que estaba dentro, era simple. Estaba dentro de mi. Lo tenía dentro, enredado, atado, hecho una maraña de recuerdos, confundiendo los principios con los finales, lo que era y lo que quería que fuera, sin saber distinguir entre lo verdadero y lo que deseaba que lo fuera. Había que limpiar y volver a ordenar todo ese enorme y viejo entuerto. Desechar viejas creencias, principios “sólidos” jamás probados. Tenía que abandonar el control de mi vida en ese claustro. Debía abrir las ventanas, quitar las puertas, dejar que la brisa o el viento, corrieran por dentro. Ventilar mi casa, airearme alma, liberarla de sapos, piedras y restos podridos de mis recuerdos. Limpié y limpié, me deshice de casi todo, menos de todo aquello que me recordaba que una vez fui feliz y que merecía volver a serlo.

y, como el que poda árboles, al cabo de un tiempo, cuando me quise dar cuenta, un débil halo de luz, empezaba a brillar alrededor de todo lo que tocaba. Mi mundo cobraba un sentido nuevo. Era como si hubiera limpiado los cristales de mis gafas. Me sentía nuevo.

Así comprendí eso que dicen: Quien tiene magia, no necesita trucos. Porque me di cuenta de que el único truco es que tenga alma.

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Entre los dedos 

Hay instantes que deberían ser eternos,
El beso del sol en nuestros cuerpos,
la caricia de la brisa en la piel,
cerrar los ojos y sentir la belleza
que ninguna imagen logra retener.
Envolverse en el sonido de las olas,
relajante, sanador.
Respirar el aroma del mar
y limpiar heridas con gotas de sal.

Mas sería absurdo intentar
atrapar el instante presente,
pues el tiempo no se detiene,
pasa inexorable e implacablemente.
Es agua que resbala entre las manos,
arena escurriéndose entre los dedos.

Así como las olas del mar,
así es el instante de ahora.
Único e irrepetible.
Siempre en movimiento,
Siempre diferente.
Con su punto de intensidad,
como la cresta de esa ola
que efímera se desvanece
para morir en la orilla,
dejando rastros de espuma y sal
dibujados en la arena,
que se diluyen y borran.

Pero su paso permanece
mezclándose y transformando
uniendo y fusionando
el antes y el ahora.

Hay instantes que golpean y rompen
como olas contra las rocas.
Hay instantes de olas serenas,
de paz y calma para el alma.

No los dejes pasar,
hay que subirse a la ola
y surfear el momento.
Hay que sentirlos,
hay que vivirlos en presente,
para después recordarlos
y guardarlos para siempre.

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Mil días y mil y una noches

Conozco ese dolor del que me hablas. La desazón, el vacío que quema cuando te quedas en mitad del camino, como abandonado a tu suerte, de repente, sin saber qué hacer contigo y con todo ese amor para regalar que te llena las manos.

Conozco el desierto, la desorientación y la tormenta. Sé qué se siente cuando tu mundo se da la vuelta y todos tus bellos sueños se desparraman por el suelo, como la calderilla cae de tus bolsillos al darle la vuelta al pantalón.

He sentido el viento arrasarme por dentro, la rabia del oleaje golpearme sin cesar y, muy a mi pesar, creando un dolor innecesario a otros … Y lo peor quizás, entender que no es cuestión de tiempo, que esa sensación queda grabada en el corazón, como esa lección que uno ha de repetir para aprenderla como sea.

Sé del dolor y el miedo, de la duda y la impotencia. Sé todo eso.

Pero, sabes, sé también que todo eso pasa. Que aunque nos queda dentro un rincón, un vacío o un salón cerrado con los muebles cubiertos por las sábanas del olvido, por el polvo de mil días y mil y una noches de desvaríos inútiles, a pesar de todo eso, ahora sé, una vez lo he aprendido de nuevo, que todo eso pasa, que todo nos queda, que somos camino y que en él nos curtimos en batallas imprevistas para aprender, para conseguir alcanzar nuestros sueños.

Por eso hay que agradecer pasar por ello, porque nos hace comprender, aprender, ser mejores, mas fuertes y, sobre todo, a procurar no volver a cometer los mismos errores, a no restarnos valor, a no dar poder sobre nosotros a otros, a darnos cuenta de que nuestra vida no es nuestra y que nos merecemos lo mejor. Que solo podemos pasar por aquí, vivirla intensamente, aprender rápido y ser felices.

Sé del dolor y el olvido, pero también sé del cariño de los amigos, de la unión indeleble con mis hermanos y mis hijos. Siento la eterna llama del amor que todo lo llena siempre y conozco a ese niño que habita en todos mis rincones y que lucha siempre por levantar las sábanas de aquellos muebles, correr las cortinas y abrir de par en par las ventanas para dejar entrar el aire, el sol y la luz en mi vida. Sé que está ahí, le he visto. Sé que está deseando salir a jugar, a sonreírle al mundo, a la vida. A ser feliz. Voy decidido a su encuentro.

¿Te vienes conmigo?

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Luna llena

No ignores nunca a alguien que te ama, alguien que te cuida, que te echa de menos, porque puede que un día te despiertes y te des cuenta de que perdiste la luna mientras contabas las estrellas.

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Extravaganzza

Extender las alas.
Volar sintiendo los pies en la tierra.
Dar pasos decididos en pleno vuelo.
Gritar en silencio.
Poblar la soledad.
Llenarse de paz
en medio de la estampida.
Hacer callar a la tormenta.
Cuestionamos las respuestas.
Arreglamos imposibles.
Nos adelantan las calmas.
Nos salvan las ganas.

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El Mediterráneo un día cualquiera. Fotografía propia. 

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Junto al mar

Llevaba la vida
hecha jirones,
la sonrisa
zurcida al corazón
y, hasta que la sangre
no se me quedó salada
junto al mar,
¿dónde si no?,
no veia salida
para todo el vacío,
para toda la distancia.

Ahora,
entre la luz del sol
que me da fuerza
y el mar que me da calma,
respiro luz y paz.

Hoy,
abrazo la felicidad
como a la mejor amiga,
sonrío y agradezco
todo lo que puedo sentir cada día.

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Cuestión de actitud.

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Antes rogaba que la vida me sonriera.
Ahora le devuelvo a ella la sonrisa.
Antes soñaba con tener tiempo.
Ahora me reservo tiempo para mis sueños.
Antes esperaba el momento oportuno.
Ahora es oportuno este mismo momento.
Antes no me movía porque temía hacer.
Ahora hago, ya no importa el miedo,
porque es vida hacerlo.
Antes pedía y clamaba al cielo y no recibía.
Ahora doy y doy y no paro de recibir.
Cambia el orden de las cosas
y las cosas mejorarán tu orden.

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Sol de otoño en la piel.

Recoge los pedazos, junta las piezas, aparta lo que solo existe en tu mente, deshazte de lo que sobra. Escúchate, mímate, no dejes que tus pensamientos te hagan tropezar contigo mismo a cada paso, a cada palabra hiriente de quien no te quiere.

Esta mañana he recogido el polvo de un ayer lejano que se empeña en acumular capas de suciedad sobre mi. Vuelvo a ver brillos, reflejos de mi. Vuelvo a encontrar a ese niño que siempre está ahí.

Cambio los trozos por la fuerza de las ilusiones, los rotos por hermosas cicatrices, las tristezas y los vacíos por sonrisas de medianoche y vida, mucha vida, para llenar de alegría rincones y espacios desangelados por el olvido de los días.

Hoy me propongo crear, sonreír, estar y ser. Nada difícil, solo eso que soy, eso que merezco, eso que cada uno de nosotros puede ser si queremos.

Hoy quiero agradecer lo que tengo, lo que soy y no pretender más que eso. Vida en el corazón. Paz en mi alma.

¿Me acompañas? ¿Saltamos?

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El regalo

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Amanecer sobre Almería. Fotografía de Encarna Peláez

 

 

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